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Odón de Buen
Memorias
Primera parte

¡Y con qué admiración contemplaba de niño personalidades que sabían tanto y que eran catedráticos, ingenieros, médicos!. Pero dispuesto a trabajar, a luchar, a padecer privaciones si venían, ¿por qué no había de llegar a tales alturas?. Y llegué; sirva el ejemplo para animar a los humildes, para excitar a los tibios, para alentar a los pobres de espíritu; trabajad, que el trabajo y la constancia vencen todos los obstáculos y permiten, por dura que sea la pendiente, alcanzar las mayores alturas del pensamiento y las cimas de la posición social, que no son accesibles a los ricos tan solo.


Estudiar la naturaleza en la naturaleza misma ha sido siempre mi afán. Conocer los seres naturales en las colecciones, formados con arreglo a una clasificación cualquiera, disecados con mayor o menor fidelidad, no es conocer la naturaleza; en esta viven, se agitan, se asocian, con letras de un alfabeto que unidas forman palabras y las palabras oraciones y las oraciones representan pensamientos y los pensamientos reflejan leyes naturales que interpretan el complejo fenómeno de la vida, con sus modalidades, con sus asociaciones, con sus adaptaciones necesarias.


He de afirmar que nunca fui partidario de imponer como texto libro alguno; se hacía de los textos mercancía poco noble. Sin embargo el libro es el mejor auxiliar y la guía mejor de estudiante si refleja las tendencias de la cátedra y contiene los indispensables conocimientos para cumplir el programa del curso; puede, ampliando los temas suficientemente, servir de obra de consulta aun después de terminada la carrera; mi mayor satisfacción ha sido ver mis libros universitarios en las bibliotecas de médicos, farmacéuticos, de ingenieros, de arquitectos que habían sido mis discípulos.


Pintaba con sombríos trazos el estado de la enseñanza de la geografía en España, haciendo resaltar la trascendencia del conocimiento de esta ciencia que ha sido base de la prosperidad y de la grandeza de los pueblos más cultos del globo. Era deplorable la manera como se enseñaba en la primera y en la segunda enseñanza, confiada tan solo a la memoria, llenando esta de nombres, sin contenido científico ninguno, sin ejercicios topográficos, sin trabajos de campo; exigida tan solo a especialistas de algunas carreras y profesiones, cuando debía enseñarse a todos, exigirla a todos. Y no menos deplorable la situación de la geografía en la vida universitaria, limitada tan solo a la Facultad de Letras en el criterio, allí lógico, puramente histórico y político. En mi discurso sentaba las bases de una reforma inspirada en los plantes extranjeros que por otra parte tenían honrosas tradiciones en España.


Siempre he sentido verdadera pasión por los estudios geográficos y en mis inclinaciones hacia la Oceanografía ha influido no poco esta pasión. He considerado como una de las mayores recompensas de mi vida el haber sido nombrado Miembro Honorario de la Real Sociedad Geográfica de Londres, sin duda la más prestigiosa del mundo.


No sólo rosas coseché en mis campañas universitarias; mis actividades incansables, los legítimos éxitos de clases, de prácticas y excursiones me captaron las simpatías de la generosa juventud, pero atrajeron hacia mí envidias, odios, rencores, bajas pasiones de los fracasados, de los ineptos y de los fanáticos. Desde que llegué a Barcelona, tildado de librepensador, fui combatido por el fanatismo.


A través de toda mi vida, mi ocupación primordial, mi preocupación constante, mi ilusión, era la enseñanza y la investigación científica; yo he sido preferentemente catedrático y he aprovechado cuantas ocasiones me ha deparado la suerte, cualquiera que fuera el lugar y cualesquiera que fueran los oyentes, para enseñar y con los medios de que dispusiera, por modestos que fueran, aprender.


Júzguese como se quiera, analícese concienzudamente mi vida y siempre se observará que mis actuaciones fuera de la ciencia eran fruto de buenas intenciones, válvula de seguridad de un espíritu inquieto, pletórico de energías, muchas veces hijas de las pasiones que obraban en cada momento y de las circunstancias y de las personas que me rodeaban. Sentía la libertad, sin la cual el hombre pierde sus más nobles atributos; sentía la democracia y quería servir al pueblo, de donde procedía; amaba la tolerancia y rendía culto a la fraternidad humana. Por ello estuve siempre dispuesto a trabajar por estos ideales. y frecuenté el trato de liberales, de republicanos, de socialistas, de anarquistas platónicos, de masones, de espiritistas, sin estar afiliado a ninguna secta, militando desde muy joven al lado de Salmerón, de Azcárate, de Barnés, de Labra, de Urbano González Serrano, de Esabal, de tantos otros ilustres catedráticos y jurisconsultos. Creí, con estos, que la República había de ser moderada, para todos los españoles aunque gobernada por republicanos de limpia conciencia, que debía ser laica, reconociendo la supremacía del poder civil en todos los casos y debía gobernar con un gran contenido de reformas sociales que permitieran primero la educación y la vida del proletariado y más tarde su acceso al Gobierno; que todos los hombres tenían derecho a la vida pero con el deber del trabajo; que nadie debía huir de cumplir los deberes de la ciudadanía.


Pero confieso que nunca tuve afición a capillitas ni dogmas cerrados, que odié y odio el personalismo y que luché siempre con desventaja, porque la política de entre bastidores, la de intrigas, suplantaciones y falsedades me repugnaba.

Si defendí, y sigo sosteniendo el libre pensamiento, nadie puede encontrar ni en mis escritos ni en mis discursos, ataques contra religión alguna, solo juicios serenos, razones contra dogmas, palabras respetuosas para la conciencia ajena. Un libre pensador pero no un traga - curas.

Fustigué duramente la intolerancia que hace imposible la convivencia entre los hombres buenos de todas las creencias y aun más duramente el clericalismo intransigente, cerril, tan reñido con el espíritu cristiano.


Fui siempre partidario de la enseñanza laica y enemigo irreconciliable de la escuela oficial española, ayuna de un buen plan pedagógico, rutinaria, arcaica en procedimientos, en material, en locales y con un personal reclutado en una selección al revés, confesional en exceso y deficiente en enseñanzas ciudadanas, fuera de las realidades de este mundo por pensar demasiado en el otro mundo.

Pero tampoco me placían las escuelas laicas que se creaban generalmente a cargo de curas renegados o de maestros perseguidos, que pretendían fundar su sostenimiento halagando a los extremistas con tendencias antirreligiosas o excesos anticlericales, sin locales sanos, ni libros apropiados, también rutinarios en el plan y muy pobres en medios.

Pensé siempre, y en todo momento prediqué, que debía huirse de mezclar a los niños en manifestaciones partidistas y de hacerles aprender discursos, artículos o cuentos de memoria; que de las luchas humanas crueles, inspiradas por el egoísmo o por la intransigencia no se debía ni hablar; una atmósfera de bondad debía rodear al niño en la escuela, conducir su inteligencia y guiar, educar y fomentar su voluntad con riendas de seda en vez de emplear cadenas de acero.


!Que gran pueblo el nuestro si se le diera la cultura necesaria y la educación conveniente!. ¡En el campo, pastores encontré que tenían el aspecto de emperadores romanos!.


En almas nobles no sedimenta el odio; se disipa el mal como los olores pestilentes transitorios y queda tan solo, permanente, el aroma suave de la bondad que reanima y fortalece.


"Todas las dificultades, todos los sacrificios, todos los sinsabores, los desengaños todos, ceden ante la emoción de estos momentos en que se ve palpablemente que no ha sido ningún esfuerzo baldío, que de la semilla lanzada con el máximo cariño algo ha fructificado; que en el río revuelto de la vida, aunque las corrientes hayan destruido mucho, queda el sedimento firme de afectos profundos.

Conocí el mar; le contemplé soberbio, imponente en tempestades violentas, moviendo nuestro fragatón de madera con desprecio en su insignificancia y arrancándole gemidos agudos; pero vi también hombres expertos y valerosos, serenos, conscientes de la superioridad de la inteligencia humana, guiando la nave por encima de las olas encrespadas con solo el juego hábil de las velas y desafiando confiados la fuerza del océano, que para ellos no era indomable; vi el mar apacible, dulce, enervante, surcándole la Blanca majestuosamente al más ligero soplo de brisa o meciéndose en días de calma. Vi costas sonrientes, rías y fiores tranquilos, islas maravillosas o acantilados sombríos como fantasmas a través de la niebla. Y sentí afanes insaciables por conocer los secretos ocultos bajo las olas y las causas, poco aparentes, del origen y la vida de los océanos. Y leí mucho y pensé mucho y formé decisión firme de dedicarme a la oceanografía, que entonces alboreaba.

Nuestra escuela se ha fundado siempre en estos cimientos; ciencia, técnica, método riguroso y constancia en el trabajo. Lógicamente la Oceanografía ha de ser internacional; en los océanos no existen fronteras; el mar es de todos y lo aprovecharán siempre los mejor preparados y los más audaces. Yo deseo que la escuela española disponga de medios bastantes para contarnos entre los mejor preparados; audacia no ha faltado nunca a nuestra raza.

Gracias, gracias mil a todos, presentes y adheridos; formáis brillante pléyade de intelectuales; pertenecéis a todos los sectores del pensamiento español; predicad y practicad, en bien de España, la santa tolerancia que en este acto resplandece. Solo en ella podrá hallarse una base inquebrantable de la vida nacional para honra de la Patria y el bienestar de los ciudadanos."

(Discurso en el banquete jubilar en Madrid. 1934)

Segunda parte
Como al pie de los montes nadie que se dispone a escalarlos por primera vez puede imaginarse cuáles serán los horizontes que descubrirá ascendiendo, cuando la vida se inicia desde abajo es imposible aventurar cual será su futuro desarrollo. Llegar a las alturas ni es fácil, ni es cómodo; exige constancia, firmeza, sacrificios, penalidades, esfuerzos renovados a medida de las dificultades; pero animan, empujan, enardecen, las perspectivas que ofrecen los nuevos horizontes cada vez más amplios, más sugestivos, más alentadores, que se disfrutan desde las cimas.

La Ciencia ha volado por el esfuerzo humano, hasta regiones que se creían inaccesibles; y sigue volando; alas las del hombre genio más poderosas que las del cóndor; mirada de amplitud creciente que penetra en el horizonte inmenso, lo ilumina, lo señala a la investigación y lo explora hasta los lugares más recónditos.¿ A donde llegará?. ¿ Penetrará en los arcanos de lo infinito?. Conoció primero y dominó después llanuras y montañas; pasó la máquina alada por encima de las cordilleras más altas y halló para su vuelo en aquellas regiones, facilidades mayores; recorre la estratosfera más sutil, menos resistente y adquiere velocidades asombrosas; ¿A donde llegará?. ¿Sondeará acaso los fríos espacios interplanetarios?. ¿Y sus medios indirectos de penetración sin riesgos?. ¿No ha sido capaz de leer en los sismógrafos que recorren el globo de un punto a sus antípodas, cual es la naturaleza de los terrenos que forman el interior de la esfera terrestre?. ¿ No averigua cuales son los cuerpos químicos que arden en la estrella más distante, con solo analizar su luz?. No sabe desde el puente de un navío a gran velocidad enviando ondas que penetran instantáneamente hasta el fondo de las naves, cuales son las profundidades sobre las cuales camina?. ¿Y la telefonía intercontinental?. ¿Y la desintegración atómica que pone en libertad energías potentísimas e incalculables?. ¿Y los sueros y vacunas?. ¿Y la intervención de los biólogos para corregir o encauzar la herencia?. ¡Y para que seguir!. ¿Que obstáculos se oponen al volar ascendente del genio humano?. ¡Aún hay quien habla de la bancarrota de la ciencia!.

Por muy baja que sea la posición del hombre de ciencia que comienza su vida, por muy enrarecido que esté el ambiente en que se encuentra, ni se acobarde, ni se rinda; trabaje, tenga fe, entusiasmo, constancia y le serán más accesibles las más altas cimas de la ciencia y si no llega a ser agente de nuevos descubrimientos, siempre será espectador feliz y deslumbrado de las grandezas de la ciencia estar en disposición de propagarlas con ardor entre sus conciudadanos, difundiendo su luz.




¿Que era rutinaria y mezquina nuestra enseñanza?. ¿Que eran miserables los medios?. Pues a trabajar sin descanso para alcanzar a los mejores situados. ¿El Estado me negaba dentro de casa lo necesario para tal reforma?. Iría a buscarlo fuera e implorarlo si hacía falta. La intención era sana y me sobraban ánimos para todo.


"En mi patria puede el laboratorio realizar una misión de trascendencia. Se opera ahora en España un intenso movimiento pedagógico de regeneración; hay un gran número de personas que fían todo en la ciencia y a ella dirigen sus miradas. Divulgar, propagar, popularizar el estudio de la Naturaleza es hacer una obra social de inmensa importancia; es al mismo tiempo, preparar la atmósfera, disponer un medio favorable a los progresos científicos. No se trabaja en esta labor por la gloria propia pero se trazan los surcos profundos donde puedan depositar confiados la semilla los sembradores del porvenir; así se crea para las generaciones que han de sucedernos".


"Es bien fácil de comprender, dada nuestra tumultuosa historia contemporánea, que haya entre nosotros pocos investigadores científicos, falta el ambiente; nosotros lo formaremos. Y sí desde el primer momento no podemos contribuir al progreso de la ciencia con grandes descubrimientos; prepararemos legión de trabajadores desinteresados. ¿Quién sabe si el quijotismo por la ciencia preparará la grande España del porvenir?."


"Si el mar es el seno fecundo de la vida, tres mares rodean la península ibérica y los pueblos de nuestra península pueden hallar en el estudio biológico del mar la misma gloria que conquistaron en los tiempos pasados recorriendo los océanos desconocidos y rodeando el mundo de un ecuador de heroísmo".


"El laboratorio de Baleares puede ser un foco de difusión científica para todos los países que hablan el idioma español. Trabajaré en ello con toda perseverancia".

(Discurso en la Asamblea General de la Sociedad Zoológica de Francia. 1908)




" La ciencia del mar está de enhorabuena y España puede sentirse orgullosa de ofrecer este ambiente, del mayor respeto y de expresivo cariño, al acto de mayor trascendencia científica realizado después de los terribles años de la guerra. Porque esta festividad es la realización de un sueño que nos parecía obra remota y en que habíamos puesto los devotos de la Oceanografía nuestras mejores ilusiones .

Muchas veces en Congresos Científicos Internacionales, principalmente en los de Geografía, se había manifestado el deseo unánime de que se llegara a un convenio entre todos los países mediterráneos para el estudio metódico, con un plan común y con el mismo instrumental, de nuestro mar Mediterráneo.

Y aquí estamos tras sabia y laboriosa preparación con propósitos ejecutivos, dispuestos a dictar el plan de nuestros trabajos y a realizarlo inmediatamente.

Porque es urgente que conozcamos nuestro mar interior, el que nos unió en la grandeza de la Grecia artista, sabia y ciudadana; de Roma civilizadora, poderosa, inmensamente grande, de la Galia despierta, arrogante, firme, siempre gloriosa y maestra; de la España audaz, caballerosa, descubridora, llena de ensueños y derrochadora de generosidades.

No debe olvidarse que el régimen del Mediterráneo, las leyes que vamos a investigar, son la base del régimen económico de los pueblos que baña y que por ese estrecho gibraltareño penetran oleadas inmensas de agua atlántica que sostienen la vida que va perdiendo el Mar Latino.

Y no solo buscamos en los estudios oceanográficos la resolución de los más trascendentales problemas de la biología, porque aún es el mar el foco poderoso de las energías vitales de nuestro planeta, sino que están ligados a nuestros estudios los más importantes problemas económicos.

Sufre ahora la humanidad enormes trastornos económicos. Se afanan los gobiernos todos por el aumento de los recursos alimenticios, temiendo grandes catástrofes sino aumentaran. El mar es una fuente inagotable de alimentación sana, barata, que incesantemente se renueva; pero hace falta reglamentar sabiamente su explotación y sin la base de los estudios oceanográficos no podrá adelantarse un paso, corriendo el grave riesgo de secar la fuente en vez de aumentar su caudal.

Griegos y latinos, sabios todos de los países mediterráneos, el viejo dios Neptuno ha recorrido nuevamente los mares para conducir a la diosa Minerva y cederle sus dominios; iluminad el camino con vuestro genio, con vuestros talentos y con vuestros esfuerzos y nuestra raza conquistará, en la nueva senda, tantos laureles como conquistó en los pasados siglos".



(Discurso de la constitución de la Comisión Internacional del Mediterráneo. Madrid. 1919)


"La Oceanografía debe ser en el porvenir el campo común de nuestro trabajo; será la ciencia que complete y aglutine todas las conclusiones de la geodesia y de la geofísica, limitadas hasta ahora casi exclusivamente a los continentes. Sueño con este imperio de la Oceanografía, puesto que los océanos han sido todo en el pasado de la tierra y dominan todavía hoy. Y el océano es de todos y no es de nadie, pertenece a los pensamientos mas atrevidos, a los espíritus científicos más aventureros, al mas duro trabajo humano y al mejor organizado, a los pueblos mas civilizados y a los más poderosos; constituirá el campo general de todos los esfuerzos de la ciencia y su exploración debe ser colectiva y su explotación racionalizada por acuerdos comunes. Nos reserva todavía revelaciones científicas trascendentales y riquezas materiales inexploradas. La Oceanografía es pues una ciencia internacional y no puede dejar de serlo".

(Artículo publicado en Scientia. Febrero de 1925)
Quinta parte

Había llegado a la cima en plena felicidad y me sonreía todo, vivía feliz. Alcancé la mayor felicidad que podía soñarse. Trabajaba mucho, la lucha tenía episodios desagradables; me veía obligado a enfrentarme con intrigas, con ataques descarados de fracasados y envidiosos, de personas mal avenidas con la dicha ajena; pero en estas luchas vencía siempre, triunfaba sin dificultad en situaciones que parecían sombrías, que amenazaban derrumbar mi obra. Pero había llegado muy arriba, apoyaban mi actuación elevadas personalidades, buenos amigos, entusiastas partidarios me escudaban en mi sólida, indestructible posición internacional. Y esas luchas enojosas me preocupaban solo en los momentos álgidos; vencía y olvidaba y seguía adelante. Ni la envidia ni el rencor han arraigado en mí. Era optimista y como tal me calificaban de inocente y confiado. Como nunca había pensado obtener altos puestos y menos en el terreno internacional, cada vez que se me concedía una Presidencia o un lugar preeminente en congresos, comisiones, asambleas o consejos, cada vez que obtenía una elevada recompensa, me sorprendía agradablemente, hasta sentía legítimo orgullo, pero no me engreía lo mas mínimo, tomé siempre los altos cargos como poderoso medio de trabajo que me abría todas las puertas y redoblaba el esfuerzo con fe y con ilusión.

El ejemplo mío puede servir de aliento, de estímulo, a los que trabajan en una rama cualquiera de la ciencia; todas las posiciones son asequibles a todos por humilde que sea su origen, por menguados que sean los medios de qué dispongan en los comienzos de su trabajo. Fe, decisión, valor, constancia y firmeza lo vencen todo. Los pusilánimes que creen inasequibles las cimas y resignados se detienen en el camino, ¿cómo han de alcanzarlas?, ¡adelante siempre!, ese debe ser el lema. Si en derredor suyo el ambiente les es desfavorable, trabajar sin descanso para modificarlo; si carecen en su ambiente del instrumental, de las bibliotecas que los mas ricos aprovechan, hacerse gratos, hacerse útiles y aún necesarios en los centros mas poderosos y se les abrirán todas las puertas y aprovecharán los medios mejores. Trabajar, no desmayar nunca, que sin buscarlas, en la mayor parte de los casos, llegarán las circunstancias favorables.


Siempre he juzgado que la familia es la base más sólida del bienestar, la verdadera célula del organismo social, desde luego dirigida y sostenida por la moral cristiana. Soy materialista convencido en el terreno científico, pero alta y profundamente humano en el terreno moral. La convivencia más íntima con la bondad y la cultura dentro de casa; la tolerancia más exquisita, respetando la libertad ajena para sostener la propia, en el trato social. Esos han sido siempre mis lemas. Y me ha ido bien.

Al triunfar la República, mi hogar, como otros muchos, vibró de alegría inmensa. Mis hijos, mis hijas políticas, mis nietos mayores, habían tomado parte activa en la preparación de este magno acontecimiento. Yo no había intervenido. Eran gentes nuevas, pocas de mi generación, las que principalmente prepararon la transformación política de España. Pero no se inspiraban en ideales nuevos. Los suyos eran los que habían constituido el alma de mis briosas campañas juveniles y de mi actuación en la edad madura, en la propaganda oral y escrita, en los hechos como Concejal de Barcelona y como Senador en un Senado en que los republicanos activos éramos dos o tres. Nadie se acordó, como era natural, de mi y no obtuve cargo político alguno.


Cuando las democracias triunfen y con ellas resplandezca la civilización llamada cristiana, es decir el humanismo que está representado por este común denominador, tendrá que rendirse homenaje a tantos mártires como perecieron en la guerra civil española por el imperio en el militarismo internacional triunfante, del fanatismo más cruel y despiadado que se ha conocido. Porque no era razón política la que condenaba, en la mayor parte de los casos, a tantos hombres útiles, a tantos hombre buenos, era el fanatismo clerical, vergüenza del cristianismo, que imperaba en España.


Síntesis de una vida política y científica


"Educaos, instruiros en las aulas, pero no seáis avaros de la Ciencia que poseáis: difundirla por el pueblo, haced cuestión de honor arrancar a éste de la ignorancia; lograréis así la grandeza de vuestra raza y contribuiréis al bienestar de la Humanidad."

"Jamás impuse mi criterio a nadie; celoso de la libertad propia, nunca he pretendido menoscabar la libertad ajena"

"Las primeras y más enérgicas rebeldías han salido siempre de los hombres de Ciencia. El deber de estos, si no quieren ser hombres a medias, es hacer llegar la verdad a los pueblos para que despierten de su letargo y conquisten su dignidad moral y su bienestar material"

(Discurso preliminar a la edición popular de La Historia Natural)



"No sembré en arenales estériles. Solo pido a la Naturaleza que me conserve la vida tiempo bastante para ver hundido el espíritu del mal que ha sembrado de ruinas y de cadáveres el mundo, y para ver a mi patria, curada de sus heridas, resurgir a una vida de libertad, de justicia y de trabajo. Tengo fe inquebrantable en las energías intelectuales, morales y físicas del pueblo español".



Odón de Buen y del Cos.


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